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La isla - archivos de una tragedia, un documental que retrata la memoria de lo ocurrido en Guatemala  

En el marco del VIII Encuentro de Periodismo de Investigación se presentará el largometraje La isla - archivos de una tragedia, un documental, de 85 minutos, que aportó en la construcción de memoria histórica y de justicia en el posconflicto en Guatemala.

En 2005, tras una violenta explosión en la capital de Guatemala, se descubre accidentalmente el archivo secreto de la policía nacional. En el complejo de la actual Academia de este organismo se ubicaba antes la isla, una cárcel secreta de los temidos comandos policiacos. Y es así que aparecen más de 80 millones de documentos. La película dibuja a través de una extraordinaria interacción visual y emocional la historia de una tragedia y trae a luz las pruebas para esclarecer crímenes inconcebibles. De igual manera, retrata a una generación joven de trabajadores que desean liberarse del asfixiante abrazo de su propia historia aún no esclarecida.

 

La película La isla es considerada en Guatemala la obra cinematográfica que logró fomentar una etapa de amplio debate sobre la memoria histórica y la justicia en la sociedad de posguerra o posconflicto. A partir de su lanzamiento, bajo enorme presión política, se abrieron nuevos espacios para una nueva generación de creadores, comunicadores y periodistas.

 

Consejo de Redacción dialogó con el director y productor de cine alemán, Uli Stelzner, quien comparte cómo se logró la realización del documental y los aportes que dejó esta producción para la historia de Guatemala. Uli, desde los años 80 a través de documentales y fotografía social ha retratado las realidades de países de Centroamérica. Hoy día, Stelzner es miembro de la Asociación de Documentalistas de Alemania (agdok) y miembro fundador de la Asociación de Cineastas de Guatemala (AGA) en Guatemala. Desde 2010 dirige el Festival de Cine Internacional Memoria, Verdad Justicia en Guatemala.

 

¿Cuáles fueron los principales aportes del largometraje  La isla - archivos de una tragedia al proceso de memoria histórica en Guatemala?

 

La película representa la primera y hasta la fecha única obra cinematográfica que resume -por su contenido visual, testimonial y archivístico- la violencia política, las responsabilidades de las violaciones de derechos humanos y las secuelas traumáticas de varias generaciones en Guatemala durante el conflicto armado interno. A través de un medio tan popular como es el cine. Por primera vez se dan a conocer imágenes y documentos totalmente desconocidos, ocultos y negados, sacando a la luz atrocidades cometidas por las fuerzas estatales y las consecuencias para las víctimas.

 

La película logró un fuerte impacto político y emocional, permitió abrir diversos espacios: romper el silencio guardado durante décadas, cierta dignificación de las víctimas, un nuevo impulso en el debate sobre la impunidad, la motivación de las víctimas a perder el miedo en denunciar violaciones a derechos humanos del pasado, la motivación de familiares a buscar información en los archivos de la policía, despertar el interés de la nueva generación en interesarse por el pasado e indagar en él, motivaciones para periodistas/comunicadores/cineastas a investigar temas que antes no se tocaban, romper el silencio de los medios de comunicación tradicionales, dar a los educadores/profesores/académicos una herramienta eficaz para la enseñanza.

 

Finalmente: la película y su impacto permitió establecer un nuevo tipo de festival de cine de derechos humanos que atrajo entre 2010-2014 más de 45,000 personas, con decenas de debates públicos sobre memoria, verdad, justicia en su más amplio sentido. Además, el hecho de que la película recorrió el mundo, logró sensibilizar muchísimas personas a nivel internacionl en cuanto a la importancia del rescate de la memoria y el valor de archivos, sobre todo en España, que en estas fechas apenas empezó a debatir su pasado.

 

¿Cuánto tiempo tomó la investigación y producción del documental?

 

Desde la idea y primera visita al archivo, hasta su estreno en el Festival IDFA en Amsterdam pasaron más de tres años. Eso se debía a que el equipo de producción era pequeño y los fondos a disposición muy limitados. Además, el proceso de acceso al archivo, a los personajes, a las autoridades requería mucha paciencia y sensiblidad. Ahora, la búsqueda de archivos visuales cinematográficos hubiera tardado mucho más tiempo, pero en este caso ya habíamos investigado varios cineastas en años anteriores. O sea, ya sabíamos en qué archivos del mundo se encontraban cuales imágenes. Sin embargo, conseguir los archivos y los derechos, ordenarlos y editarlos para finalmente usarlos en la interacción con los discuros y documentos en la película, era un trabajo inmenso. La investigación y producción en su totalidad ha sido lo más complejo que he hecho en mi vida, a causa de lo delicado y sensible que el proceso implicaba: a nivel cinematográfico, político y humano.

 

¿Por qué los archivos se convierten en piezas fundamentales para una investigación periodística y cómo llevarlos a otros formatos (documental)?

 

Creo que no se puede dar una respuesta generalizada. Un archivo o un documento puede contener datos sin mayor relevancia, otros pueden salvar una vida, o, en el caso del archivo policiaco guatemalteco, esclarecer un crimen. Pero cuidado, un documento puede igual ser falsificado para ocultarlo. Por eso -en el caso de la Guatemala actual- se comparan los datos con otros archivos como por ejemplo con los de la Cruz Roja, los bomberos, los cementerios y morgues etc. Hay que entender la lógica de la institución que lo organiza.

 

Hablando en términos específicos de la memoria histórica y la investigación jurídica en el esclarecimiento de violaciones de derechos humanos, en los últimos años los hallazgos de archivos han jugado cada vez un papel más importante: para la memoria, procesos jurídicos, la academia, la ciencia en general. Y por supuesto para el periodismo: en Guatemala, en el momento que salió la película que coincidió que el archivo de la policía abriera las puertas al público y la investigación en general, se empiezan a publicar muchísimas historias humanas, políticas y culturales en los medios de comunicación. Eso representa un enorme valor para una sociedad de posguerra.

 

Ahora, para llevar los documentos a otros formatos, existen múltiples posibilidades. Por tratarse de un pedazo de papel en la mayoría de los casos, hay que ser sumamente creativo. La isla ganó importantes premios a nivel internacional justo por su uso innovador de archivos en el cine. En este caso usé el método de combinar los documentos de papel -a primera vista aburridos- con archivos visuales, su integración al edificio en interacción con los testimonios y las lágrimas y silencios de los protagonistas. Uso los archivos en las paredes, incluso al aire libre donde empiezan a respirar. Es toda una arquitectura de memoria, tejida de materia, imagen y lo humano, con un solo propósito: hacer vivir la historia, lograr que la muerte sea un asunto estrictamente de los vivos y que los documentos de infamia se conviertan en documentos de cultura contra el olvido y la reparación.

 

En el caso de mi película puedo decir que el proceso de confrontación con los archivos les ha devuelto a los protagonistas la alegría de vivir.

 

¿Cómo fue la experiencia de interactuar con los protagonistas del documental –víctimas o no- teniendo en cuenta la sensibilidad del contenido?

 

Lo esencial es de qué manera y desde qué punto de vista tratas con el otro. El término de víctima por sí solo no funciona. Desde un inicio no hay que victimizar las supuestas víctimas, por lo menos eso no fue mi acercamiento. No puedes iniciar un proceso con personas que estigmatizas  -y en el caso de la película se trataba de un proceso que implicaba mucho más que solo hacer una entrevista. Consciente de que todo el proceso con los protagonistas iba a ser un camino largo –a nivel sicológico, los riesgos que implica la participación- hablé con decenas de posibles protagonistas antes de tomar la decisión. Y puedo decir que las decisiones fueron adecuadas. Todos los y las que participamos en el proceso- difícil y sensible-, hemos crecido y somos hoy mejores personas. Creo que lo más importante en la relación con los participantes/protagonistas -víctimas o no- es el respeto, el verdadero interés en su vida y su historia, la capacidad de ver el otro a la altura del ojo. Los comunicadores no somos mejores o peores que cualquier otra persona. Y viéndolo desde un aspecto fundamental de sociedades de posconflicto, con el afán de crear el mejoramiento entre nuestras relaciones y de reparar el tejido social, se trata de eso: abrirse al otro y tratar de ver el mundo desde sus ojos. No es solo la política que soluciona o no un conflicto, la paz no se consigue firmando solo un documento. Se consigue día a día con nuestros propios esfuerzos.

 

Usted creó el Festival de Cine Muestra de Cine Internacional Memoria Verdad Justicia en Guatemala ¿Cómo ha sido esta experiencia?

 

Para empezar con cifras: al inicio de los años 1990´s en Guatemala, pudimos mostrar nuestros documentales solo con puerta cerrada y tal vez veinte personas de asistencia. El miedo estaba todavía omnipresente. Hoy, 25 años después, tenemos un festival de cine de derechos humanos en su más amplio sentido. En solo 5 ediciones y relativamente pocas películas, atrajo más de 45.000 personas. Y no solo viendo cine, sino debatiendo. Somos el festival de derechos humanos quizás más emergente en el continente - y eso en el país de la impunidad, con un alto grado de violencia y de violaciones inquietantes. Como es posible? Hay que ser tenaz, hay que arriesgarse,  hay que tener mucho compromiso, creer profundamente en los seres humanos y su capacidad de poder cambiar las cosas, no darse por vencido e insistir en nuestro derecho constitucional de libre experesión. Nuestra única oportunidad de salir de los rincones, fue en el momento cuando se daba el estreno de La isla en Guatemala como cierre de la primera edición del festival. Lo habíamos creado para presentar una serie de películas que abrieran el camino para estrenar La isla. Y por circunstancias políticas únicas -tuvimos acceso al teatro más grande de Guatemala. Recibimos horas antes de la premier amenazas de bomba, el embajador me comunicó que ya no podía asegurar mi integridad física, en fin, estábamos políticamente totalmente abandonados. Pero se dio un fenómeno que nunca voy a olvidar: a pesar de todo, el público no se dejaba intimidar e ignoraba las amenazas de bomba y cortes de electricidad. 6.000 personas llegaban en tres días a tres funciones, porque simplemente querían ver su historia y versen reflejadas en la pantalla. Y claro, ese espacio ya no lo soltamos y seguimos adelante, con un concepto innovador: cine de alta calidad y con debate público y abierto. En ese sentido, la muestra es mucho más que un festival. Es quizás el único espacio de mirar el mundo de manera colectiva, reflexionar, compartir y dialogar abiertamente después de décadas de silencio. Participan representantes de todas las capas de la sociedad, invitados internacionales enriquecen con sus experiencias y puntos de vista los debates. Y cada año vamos ampliando el público, que es cada vez más joven. La Muestra hoy, forma parte del imaginario cultural de la sociedad y es -quizás - más un movimiento que un festival. Sin embargo, somos realistas y estamos conscientes de que va a ser muy difícil mantenerla viva. Actualmente, la situación de la libertad de expresión en Guatemala, pasa por momentos muy críticos.

 

Conoce más sobre nuestro invitado Uli Stelzner, su labor y experiencia en la producción de documentales y su aporte a la construcción de memoria histórica en Guatemala, Inscribiéndote al VIII Encuentro de Periodismo de Investigación.

 

Fotografía:

Micrófono: Ana Cecilia Cobar

  Organiza:                    Apoyan:

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